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Sr. Obispo:
Largo tiempo después del hecho, que sin duda está
en su conocimiento, acaecido, en la Parroquia S. Pío X, a
varias niñas del barrio, entre ellas mi hija Assu, que a no
ser por nuestra denuncia al obispado (Dr. Dalmau) a buen seguro
en estos momentos sería sacerdote de su Iglesia [se refiere
a Albert Salvans], después de insistir en que quería conocer
el desarrollo de los hechos y recibir por lo menos una satisfacción,
largo tiempo después, repito, aún estoy esperando.
Quiero que entienda el golpe moral y a la fe que ha
recibido mi esposa y mi hija, no por el hecho en sí, sino
por la despreocupación de la Iglesia hacia ellos, después
de las asistencias, participación e integración a la Parroquia;
el sentido de culpabilidad de mi esposa es notable, puesto
que fue ella quien de alguna manera "empujó" a nuestra
hija hacia la Parroquia pensando que era el medio óptimo para
su desarrollo moral.
Quiero denunciar la ceguera por parte de los responsables
de tal Parroquia, de no ver qué clase de individuos se preparaban
para mañana seguir llevando por el camino del engaño a más
gente; medios tendrá la Iglesia para investigar la vida personal
de sus integrantes.
Defraudada ha estado mi esposa e hija, y en cierta
forma también yo, por tolerar, a pesar de mis advertencias,
de lo nefasto que puede ser un fanatismo hacia cualquier tipo
de creencias, tolerar digo, su constante asistencia a la Parroquia.
Atte
Marcelo XXX
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