|
Assun:
Estoy
lejos de Barcelona, encerrado en un monasterio. No sé cuanto
tiempo voy a estar aquí, pero seguramente será mucho.
Estoy
profundamente triste, pero no por estar aquí, que es un lugar
lleno de paz, sino por todo lo que he hecho, que tanto me
hace sufrir y que tanto os ha perjudicado a muchos.
Es extraño,
la gente muchas veces cree que los monjes viven fuera de este
mundo, desconectados de lo que pasa. En cambio, la presencia
continua en las manos de Dios les da una clarividencia muy
grande para las cosas humanas. Yo, ahora, desde este aislamiento,
me doy cuenta del activismo progresivo que fue apoderándose
de mí durante la última época de St. Pius X. Muy a menudo
no tenía tiempo para pensar, ni para orar tanto como habría
deseado.
Yo no
guardo —ahora menos que nunca— ningún rencor a nadie. Estoy
seguro que tú quieres ser, en el fondo y antes que nada, una
buena cristiana. Te pido, pues, perdón de todo corazón por
todo el mal que te haya podido hacer.
Para mí
no queda más que una sola cosa: abandonarme completamente
en las manos de Dios.
Os pido
que me encomendéis a la intercesión misericordiosa de María.
Albert
PD:
siento la necesidad de escribir también unas palabras a tus
padres.
|