Pepe Rodríguez

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Análisis crítico de las funciones de la religión en nuestros días

Antonio Clemente Gimeno
toni_clemente@hotmail.com


Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales
Universidad Politécnica de Valencia
Dpto.: Proyectos de ingeniería, Innovación, desarrollo y diseño industrial y rural
Área: Proyectos de ingeniería
Asignatura: Filosofía para Ingenieros

Introducción

Mucho hemos hablado durante estas clases de "Filosofía para ingenieros" a cerca de lo que distingue al hombre del resto de animales. Y una de las cosas en las que hemos coincidido es que el ser humano es el único animal consciente de su propia existencia. También podemos decir que es el único animal consciente de su muerte. A partir de aquí, parece lógico pensar que a lo largo de la Historia, el ser humano a dedicado grandes esfuerzos intelectuales a la pregunta que parece inmediata: "¿Qué hay después de la muerte?" Pero el hombre primitivo también tuvo que plantearse otras cuestiones, de índole mucho más práctica: "¿por qué la lluvia aparece y desaparece?", o "¿de dónde viene el fuego?" Las religiones surgen como primera respuesta a estas preguntas. Pero la convivencia humana se ha complicado mucho, y han aparecido nuevos problemas, nuevas preguntas con difícil respuesta, relacionadas con la moral, con las necesidades sociales del ser humano, etc. Ante los nuevos dilemas, muchas religiones no han querido perder el monopolio de las respuestas. Con este trabajo quiero reflexionar sobre los límites de las religiones en la sociedad actual. Sobre todo me referiré a las religión cristiana (y sus variantes), por ser las que mejor conozco y las que más influencia tienen en nuestra cultura.

En su último libro, José Antonio Marina (1) divide en tres las funciones que cumplen las religiones, a saber: explicar, salvar y ordenar (2) . Yo incluiría una cuarta función, relacionada con las necesidades sociales de los seres humanos, sus deseo de pertenencia a un grupo y los mecanismos que utilizan las religiones para paliar estas demandas. La podríamos llamar función socializadora de las religiones.

La religión explica

Conocer nuestro entorno puede parecernos hoy, con la cantidad de medios a nuestro alcance, una tarea de lo más apasionante. Ahora bien, para nuestros antepasados, aquéllos que se preguntaban por la lluvia o por el fuego, resultaría muy frustrante no poder entender su entorno, del que dependían para sobrevivir. Son tiempos en que el hombre, carente de conocimientos sobre el medio que le rodeaba, pero con gran capacidad para la creación simbólica, desarrolla los mitos. Éstos le dan una respuesta apaciguadora a aquello que se escapa de su conocimiento. Los razonamientos de la época llevaron a nuestros ancestros a imaginar que detrás de cualquier suceso que no pudieran explicar, tenía que haber "alguien" que lo hubiera provocado. Los primeros mitos se nos antojan familiares, demasiado humanos, alejados de la compleja imagen de Dios que se pueda tener hoy en día: se enfadan con el hombre o le benefician según se le haya rendido culto, se le hayan hecho sacrificios, etc. A partir de estos planteamientos surgen los ritos, que en primera instancia pretenden "contentar" a esas extrañas criaturas que están detrás de los sucesos inexplicables.

Por suerte, a lo largo de la historia han ido apareciendo otros mecanismos que han permitido al hombre conocer y dominar su entorno, más allá de los mitos iniciales, que nada explicaban, y los ritos, que no servían para controlar los sucesos. La ciencia se nos antoja la invención más valiosa para conocer el medio, y también para dominarlo, al menos si hablamos de conocimiento desde un punto de vista profano. El problema es que tanto la ciencia como la religión (sobre todo esta última) han intentado ocupar el sitio reservado para el otro, y de ahí el eterno conflicto entre religión y ciencia.

Si queremos saber en qué líquidos se disuelve mejor el cloruro sódico, acudiremos a la ciencia. Y ante la inminencia de la muerte, mucha gente encuentra respuestas en la Biblia. El problema surge con cuestiones como "¿cuál es el origen del universo?". Sin embargo, no se plantean en los mismos términos si se espera la respuesta de un físico o de un sacerdote, con lo cual la polémica no tiene razón de ser, ya que se trata de ámbitos distintos, con planteamientos distintos, y no nos debe extrañar que se llegue a conclusiones que no concuerdan. Vuelvo a citar a J.A. Marina (3), quien aprecia de forma acertada el porqué del conflicto.

"Para saber de qué parte ponernos tendríamos que situarnos fuera de los dos círculos, porque cada uno postula criterios que sólo valen dentro de él. Apelan a evidencias heterogéneas que proporcionan seguridades suficientes a sus defensores, y resultan invulnerables a las críticas del adversario. Los que están dentro y los que están fuera ven cosas distintas, y no se entienden."

Para rebajar esta polémica, sería bueno empezar por no tratar de "ensanchar los círculos hasta absorber el ajeno", esto es, no inmiscuirse en cuestiones que no intervienen a cada una de las disciplinas. Esta ha sido la tentación de muchas religiones a lo largo de la historia, y éstas han tratado por todos los medios de censurar, criminalizar y acabar con todo aquello que no fuera SU verdad.

La Iglesia se inmiscuye en la ciencia, y los científicos en temas religiosos. Veamos ejemplos de todo esto: Stephen Hawking (4), uno de los científicos más brillantes del siglo XX, cuenta la siguiente anécdota:

"Durante la década de los setenta me dediqué principalmente a estudiar los agujeros negros, pero en 1981 mi interés por cuestiones acerca del origen y el destino del universo se despertó de nuevo cuando asistí a una conferencia sobre cosmología, organizada por los jesuítas del Vaticano. La Iglesia católica había cometido un grave error con Galileo, cuando trató de sentar cátedra en cuestión de ciencia, al declarar que el Sol se movía alrededor de la Tierra. Ahora, siglos después, había decidido invitar a un grupo de expertos para que la asesorasen sobre cosmología. Al final de la conferencia, a los participantes se nos concedió una audiencia con el Papa. Nos dijo que estaba bien estudiar la evolución del universo después del big bang mismo, pero que no debíamos indagar en el big bang mismo, porque se trataba del momento de la Creación y por lo tanto de la obra de Dios." (5)

No creo que ningún astrofísico que ame de verdad su profesión haga caso de las recomendaciones del Papa. Es más, es inevitable esbozar una sonrisa al leer la anécdota. Eso no quiere decir, en contra de lo que puedan pensar algunas autoridades eclesiásticas, que los científicos no sean personas de fe. Pero puestos a seguir con el conflicto, veamos ahora lo que dice el propio Stephen Hawking:

"No obstante, si descubrimos una teoría completa, con el tiempo habrá de ser, en sus líneas maestras, comprensible para todos y no únicamente para unos pocos científicos. Entonces todos, filósofos, científicos y la gente corriente, seremos capaces de tomar parte en la discusión de por qué existe el universo y por qué existimos nosotros. Si encontrásemos una respuesta a esto, sería el triunfo definitivo de la razón humana, porque entonces conoceríamos el pensamiento de Dios." (6)

Hawking añora la época de Aristóteles, en que filosofía y ciencia se estudiaban como un todo del conocimiento humano. Sin embargo, la Historia ha demostrado que la ciencia ha evolucionado más rápidamente yendo por libre, en particular cuando se ha desvinculado de la inercia de los mitos religiosos. Pero esto no quiere decir que con la ciencia se pueda "conocer el pensamiento de Dios". ¿Acaso estamos haciendo de la ciencia otra religión? Esto sería un gran error. La ciencia es un gran instrumento para conocer nuestro entorno, pero hoy por hoy todos los científicos tienen claro que la ciencia no se forma de verdades absolutas, sino que se parte de ciertos enunciados que consideramos verdad para llegar a resultados más o menos útiles. Y si se hayan hipótesis iniciales que conduzcan a mejores resultados, bienvenidas sean. Sólo así puede avanzar la ciencia (8).

Aunque sea preferible que ciencia y religión sigan caminos independientes, la influencia de un disciplina sobre la otra y viceversa va a seguir existiendo: muchos científicos son creyentes, y esto puede llevarles a tener un conflicto interno entre lo que creen (en el sentido religioso) y lo que analizan (en el terreno de la ciencia). Ante este conflicto cabe tener diversas actitudes: hay quienes saben separar los objetivos de la ciencia con los de la religión, lo cual es lo preferible en mi opinión.

Los hay que, en un momento dado, no pueden aceptar cierta teoría científica porque va en contra de la visión del orden cósmico que les ha dado su religión. Esto es lo que le ocurría nada menos que a Albert Einstein (9) con la mecánica cuántica. Einstein rechazó esta teoría científica porque rechazaba la causalidad de ciertos sucesos. La mecánica cuántica no se expresa en los términos "si el suceso A tiene lugar, entonces ocurre B", sino que dice "hay una probabilidad del x% de que ocurra B, y el hecho de que efectivamente suceda B es aleatorio". Einstein se opuso firmemente a la mecánica cuántica (a pesar de que contribuyó a desarrollarla), por las concepciones religiosas que tenía. De ahí que el científico judío dijera su célebre frase: "Dios no juega a los dados." El hecho es que la mecánica cuántica es, junto con la teoría de la relatividad del propio Einstein, la teoría científica más importante, esto es, más útil, del siglo XX.

La tercera actitud ante el conflicto es reinterpretar las escrituras para adaptarlas a lo que uno cree. Este acto de cinismo, que lo han hecho las religiones para influir en temas morales, también sucede entre hombres de ciencia a la hora de interpretar las "sagradas escrituras". Un ejemplo de esta actitud lo tenemos en Edwin Kerr es un científico cristiano que trabajó para la N.A.S.A. y que desde hace unos años imparte clases en la Universidad de Sevilla. Kerr, en la conferencia que dio hace dos años en la Universidad Politécnica de Valencia, trató el tema de los grandes descubrimientos científicos del siglo XX, entre ellos la teoría de la relatividad, y el big bang. Al final de la conferencia, comentó las visiones del mundo que tenían ciertas religiones, todas ellas erróneas desde un punto de vista científico. Pero al hablar del Cristianismo, el profesor trató de convencer al público de que los grandes hitos científicos que había comentado en su conferencia ya estaban anunciados en el Génesis. Sobran las palabras.

La religión salva

Llegamos a la función más importante de las religiones. Si éstas no nos salvasen de algo, pocos adeptos tendrían. No me refiero sólo a salvarnos del infierno. Nuestros antepasados pensarían que sus danzas u ofrendas harían que el dios de la lluvia fuera benevolente con ellos. Son muchas las religiones que relacionan sacrificio (que tiene lugar mediante algún rito) y la salvación. Las variables que entran en juego aquí son el miedo y el desconocimiento. Cuando hablamos en estos términos, se nos vienen a la cabeza cientos de problemas "terrenales", del día a día, a los que hacer frente: la soledad, la injusticia, la tiranía,… Ante estos problemas tan humanos, el hombre acude a la religión como refugio. Muchas religiones creen que su Dios puede intervenir en los sucesos terrenales. De hecho, muchos de los van encaminados a provocar la intervención divina. Estamos ante dioses partidistas, que se dejan querer, a los que les gusta intervenir. En culturas más lejanas en el tiempo, los dioses eran mucho más descarados a la hora de designar "el pueblo elegido". También es cierto que los miedos y desconocimientos de épocas anteriores eran mucho más grandes que los actuales, así como la presencia de la religión. Esto pasa con el Dios del Antiguo Testamento, del que es heredera la religión cristiana, tan arraigada en nuestra sociedad. El Dios cristiano viene del dios "particular" del pueblo de Israel, el cual

"…vivió continuamente bajo la amenaza de enemigos externos muy poderosos y de crisis internas debilitadoras, soportando a menudo la humillación, la rapiña y la esclavitud, y medró a duras penas intentando arrancarle algunos de sus frutos a una tierra seca y de clima tan difícil como imprevisible." (10)

, como explica Pepe Rodríguez (11). Prosigue este autor para acabar en el Dios del Cristianismo:

"Desde esta humildad histórica e insignificancia humana es perfectamente comprensible que el pueblo de Israel -en virtud de lo que sabemos de la psicología humana y tal como acredita la historia de muchos otros pueblos en situaciones similares- necesitase desesperadamente atraerse para sí la atención y protección de un dios todopoderoso al que estaba dispuesto a someterse tal como un hijo débil o desamparado lo hace ante un padre fuerte; pero dado que los dioses de sus enemigos no eran menos poderosos, Israel, con el paso del tiempo, se vio forzada a compensar su nimiedad sintiéndose la elegida no ya del dios más poderoso de todos cuantos había en su época, sino de un dios único y excluyente que -¿cuál no sería su predisposición favorable hacia los israelitas?- se avino a sellar un pacto de exclusividad con sus protegidos. Tal dinámica megalómana, preñada de mitomanía, fue la clave que posibilitó la supervivencia de los israelitas y acabó siendo el eje troncal de la identidad hebrea y, finalmente, por herencia directa, de la cristiana." (12)

Como las religiones en gran parte nos "salvan" de problemas y angustias humanos, no es de extrañar que en torno a éstas surjan figuras a medio camino entre lo divino y lo humano, seres divinos, pero antropomórficos, etc. El ejemplo más claro de esto es la figura de Jesucristo, quien según nos hacían aprender en clase de religión "es el hijo de Dios, hecho hombre, que nació de la Virgen María". Es más fácil identificarse con un dios con rostro y nombre propio que con el concepto de dios en abstracto. El mero hecho de la existencia de Cristo es interpretado por la religión cristiana como el argumento definitivo de la salvación de la humanidad. Jean Daniélou (13) lo explica de la siguiente forma:

"In the Paschal mystery, which is the culminating event of the Incarnation, two things have been accomplished: God is perfectly glorified in Christ; and human nature is united to the divine nature un the closest possible union. Salvation is already a reality… The truth of Christianity is centred on the Christ event, whose effects extend back to the origins of humanity." (14)

Bajemos todavía más al la tierra. En la religión católica, por ejemplo, se tiene un santo prácticamente para cada problema terrenal, y la devoción por ellos es altísima a pesar de que el Dios del Antiguo Testamento prohíbe esta práctica en el decálogo (15): San Antonio de Pádua, para quien no encuentra pareja, San Cucufato, para las cosas olvidadas; San Antonio Abad, Nuestra Señora de Nuria, para tener hijos,…

He dejado aparte el problema mayor que pueda tener un ser humano: la muerte. Es éste uno de los terrenos favoritos de todas las religiones, aunque no todas aportan la misma solución: los católicos relacionan salvación y pecado; los protestantes se centran en la fe como camino de salvación; los budistas creen en la meditación como medio para alcanzar el nirvana; los musulmanes siguen los cinco Pilares de la fe Islámica,… Los caminos de salvación de cada religión tienen como consecuencia un situación satisfactoria cuando se consuma la muerte. Con esta creencia, el ser humano no se siente angustiado ante su destino último. Porque si hay algo a lo que los humanos tengamos miedo es a la muerte. Y si hay algo que no conozcamos, eso es la muerte. Tal y como la define Fernando Savater (16), la muerte es "fatalmente necesaria, perpetuamente inminente, íntimamente intransferible, solitaria,…" (17) La clave está en los dos últimos calificativos: intransferible, solitaria. De ahí que los caminos de salvación de la gran mayoría de religiones sean originariamente individuales (aunque luego deriven en ritos comunes, como luego veremos).

En resumen: no podremos saber nunca si las religiones están en lo cierto en cuanto a su punto de vista respecto al más allá. Lo que está claro es que si las religiones no existiesen para darnos esta esperanza, la angustia por la incertidumbre ante la muerte sería tal, que las religiones ¡habría que inventarlas!, lo cual es bien distinto a afirmar que están en lo cierto…


Las religiones ordenan

Al hablar de orden, podemos referirnos tanto a orden cósmico, las leyes de la naturaleza, como a orden social. Hablemos del primero: muchas religiones presentan a su dios como el creador de la naturaleza y las leyes que la gobiernan. Ésta ha sido siempre la creencia de las religiones que tienen en común el Antiguo Testamento: cristianismo, judaísmo, islam, etc. Este hecho ha tenido una influencia tremenda en el desarrollo (mejor dicho: en el no- desarrollo) de la ciencia. Como decíamos antes, Einstein nunca pudo aceptar la mecánica cuántica por motivos religiosos. Para el científico judío no era concebible un mundo en el que ciertas leyes físicas dependieran de sucesos aleatorios. Él creía en un universo causal, sin duda influenciado por sus creencias religiosas, de ahí la famosa frase "Dios no juega a los dados".

También hay ejemplos de lo contrario en la historia de la ciencia. Es el caso de Kepler (qui es, sus leyes). El científico alemán tuvo gran importancia en el mundo de la astronomía con el descubrimiento de sus tres leyes (18). A pesar de que Kepler era protestante, su modo de ver el mundo tenía más relación con el panteísmo. La concepción que tenía del mundo le hizo llegar a resultados correctos, como pudo demostrar. Al parecer, Kepler se adhirió a la teoría copernicana por culto al sol, a pesar de las duras críticas que había vertido Lutero (19) contra Copérnico. Además, creía en algún tipo de conexión fantástica entre los cinco cuerpos regulares y los cinco planetas: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. También pensaba que los planetas, al girar, emitían una "música de las esferas", sólo audible por el Sol. (20)

Es importante resaltar que, según las religiones, el orden cósmico no es casual, sino que Dios decide las leyes del universo siguiendo criterios morales. Así, en el Génesis, vemos que el Dios creador observa sus creaciones y las mantiene porque son "buenas". (21)

El otro concepto de ordenar se refiere a los códigos éticos que las religiones han dado a las civilizaciones. En muchas ocasiones nos da la sensación de que los códigos morales predicados por las religiones a sus fieles evolucionan de forma más lenta de lo hace la sociedad. Esto es debido, parafraseando a Bertrand Russell (22), a que: "Otras reglas morales, tales como la prohibición social más obvia, sobreviven a la decadencia de los sistemas teológicos primitivos, con los cuales estaban asociados originariamente." Prosigue el filósofo y matemático: "Pero cuando los hombre se hacen más reflexivos hay una tendencia a acentuar menos las reglas y más los estados del espíritu." (23)

Esto es lo que está pasando en nuestra sociedad. Cada vez encontramos más y más gente que se considera "creyente" o incluso "cristiana", pero que no está de acuerdo con las reglas morales que proponen las autoridades eclesiásticas. Es ésta la razón por la que mucha gente opta por cuestionar los códigos éticos que en otro tiempo eran indiscutibles.

Las religiones que basan su código ético en lo escrito en sus libros sagrados tienen un serio problema: bien se impone la rigidez, y las leyes se mantienen por los siglos de los siglos, o se reinterpretan los textos acorde con el cambio de los tiempos. La reforma luterana trató de dar una solución a este conflicto, Sin embargo, no escapó de la contradicción. Como explica J. L. Aranguren (24), "Lutero poseía férrea voluntad de sujeción estricta a la Palabra de la Biblia. Pero pretendía el absurdo de lograr su entendimiento objetivo mediante una interpretación individual, subjetiva, solitaria" (25)

Otro aspecto fundamental a tener en cuanta sobre las religiones es que éstas han sido creadas, transmitidas y modificadas por hombres, los cuales, con mejores o peores intenciones, tenían sus propios intereses. Se ciernen muchas dudas sobre algunas religiones cuando se demuestra que incluso el origen de los supuestos "textos sagrados" es confuso, o cuando se comprueba que la doctrina oficial de una Iglesia no tiene nada que ver con la actitud de las personas que la componen y ni siquiera concuerda con los propios textos sagrados. Sirva como ejemplo de esto último la Taxa Camarae que el Papa León X promulgó en 1517. En este documento se enumeran las tarifas que era necesario pagar para el perdón de cualquier pecado, desde la violación hasta el homicidio, pasando por los malos tratos domésticos. (26)

Ninguna religión, por multitudinaria que sea, debe aprovechar su influencia sobre las conciencias de los fieles promulgando códigos morales en contra de la ética más básica. No se puede consentir la discriminación sistemática de la mujer en la mayoría de religiones, ni que se fomente el odio hacia otras religiones, y es necesario despegar a las religiones de los focos de dinero y poder, a los que siempre han ido unidas. Textos como "La declaración del Parlamento de las Religiones del Mundo" (27) está lleno de buenas intenciones, pero el día a día nos demuestra que queda mucho por avanzar en este sentido. Este tipo de declaraciones, para no convertirse en papel mojado, deberían ir acompañadas de medidas concretas en las que se corrijan las actitudes poco éticas que muchas religiones fomentan. Las religiones, en demasiadas ocasiones, se protegen bajo infalibilidades inventadas o textos sagrados interpretados a voluntad para escapar a la crítica, lo cual les resta credibilidad, y a muchos de sus fieles les escinde la capacidad de razonar y de decidir sobre sus actos libremente, actividades éstas exclusivas de los seres humanos. En otras palabras: las religiones y el orden que establecen, entendido como código de actuación, no puede estar por encima de consideraciones éticas. Cuando esto sucede, las religiones no le sirven al hombre sino que le tiranizan.

La religión socializa

No se le escapa a nadie que las todas religiones son un invento del ser humano (o al menos, todas menos una, para que nadie se sienta ofendido). Hemos visto que muchas religiones fallan estrepitosamente a la hora de explicar el universo o darnos códigos morales con los que nos sintamos identificados, además de estar dirigidas por personajes que persiguen más el poder que la moral… Y sin embargo, las religiones no pierden fuerza ni número de adeptos. Este hecho no se explicaría si no tuviéramos en cuenta uno de los grandes inventos de las religiones: la vivencia de la experiencia religiosa como una experiencia común, en muchas ocasiones como un acto social. "¿De dónde venimos?" y "¿A dónde vamos?" Estas dos grandes preguntas existenciales, que tanto tienen que ver con la aparición de las religiones, las formulamos en plural, pero tienen un carácter individual inevitable: quiero saber, como individuo, dónde iré YO al morir, si es que iré a algún sitio, qué sentido tiene MI vida, etc.

Sin embargo, de lo que es incapaz el ser humano es de vivir aisladamente, sin tener contacto con nuestros iguales. Es más: cuanto más identificados nos sentimos con la gente a nuestro alrededor, cuanto más integrados nos sentimos, más felices somos. Es así como se explican los ritos como los grandes elementos de cohesión, no sólo de las religiones, sino de cualquier tipo de comunidad. Los ritos actúan sobre los sentimientos de quien los realiza particularmente si éstos tienen lugar en comunidad, y este poder les hace parcialmente inmunes a planteamientos éticos: no nos planteamos tan fácilmente si están bien, porque nos hacen bien. Este hecho, llevado al extremo, puede desembocar en sectas. En éstas comunidades, los símbolos y ritos tienen mucha más presencia, y su importancia es vital. Se manipulan los sentimientos del individuo de tal forma, que éste es incapaz de desligarse de la secta, de ahí que hablemos de "estar enganchado a una secta", como si habláramos de una droga.

Otra forma de degradación que padecen las religiones es la de ser empleada con otros fines, extrarreligiosos. Los nacionalismos han sabido aprovechar esto con particular maestría, y en demasiadas ocasiones las religiones han aceptado y fomentado este tipo de pactos. Lo mismo ha ocurrido en el mundo de la política, en donde términos como "democristiano" están muy arraigados, aunque los integrantes de estos partidos se rodeen más gustosamente de banqueros que de leprosos. En mi opinión este tipo de alianzas no hacen sino favorecer la tesis de que algunas religiones siempre han querido ir de la mano del poder, a parte de carecer de argumentos sólidos propios para captar adeptos incondicionales. La finalidad de la religión se corrompe tras una etiqueta o un slogan, y con ella los ritos, que se convierten en meros actos sociales que se repiten sin más fuerza que la de la costumbre.

Conclusiones

Durante muchos siglos la religión lo ha sido todo para el ser humano. De hecho, así sucede en muchas partes del mundo. Sin embargo, la especialización también llega al complejo mundo de las religiones. La ciencia nos sirve mejor para entender el mundo que las religiones, y por eso acudimos cada vez más a ella para estos fines; seguramente la filosofía puede sernos más eficaz a la hora de juzgar conductas éticas, y entonces acudiremos a ella para resolver este tipo de problemas; y las religiones pueden servirle al ser humano para afrontar con optimismo la incertidumbre ante el más allá, e incluso le pueden ayudar a realizarse como persona dentro de su comunidad. Pero lo que no debemos perder de vista es que las religiones, la ciencia o la filosofía fueron inventadas por el ser humano para servirle, y no al revés. Por eso las religiones deben adaptarse a los tiempos, para serles más útiles al ser humano. Y en este proceso, las religiones deben ser permeables a la crítica, asimilarla, utilizarla en beneficio propio. Una actitud contraria no sólo delata inmadurez, sino también falta de humildad ante la complejidad del misterio de la vida.

Bibliografía

Aranguren, Jose Luis, Catolicismo y Protestantismo como forma de existencia, ed. Alianza Editorial, Madrid, 1980. 300 págs.
Asimov, Isaac, Nueva guía de la ciencia, ed. Plaza y Janes, Barcelona, 1985. 830 págs.
-Cien preguntas basicas sobre la ciencia, ed. Alianza Editorial, Madrid, 1989. 205 págs.
-Momentos estelares de la ciencia, ed. Alianza Editorial, Madrid, 1991. 148 págs.
Davies, Paul, The Mind of God, ed. Touchstone, New York, 1993. 254 págs.
Daniélou, J., Panikkar, R., Theological Approach and Understanding of Religions, ed. Dominic Veliath sdb, Madras 1988. 407 págs.
Einstein, Albert, Mi visión del mundo, ed. Tusquets,, Barcelona, 1997. 233 págs.
Hawking, Stephen W., Historia del tiempo: Del big bang a los agujeros negros, ed. Crítica, Barcelona, 1988. 245 págs.
Küng, Hans y Kushel, Karl-Josef (eds.), Hacia una ética mundial. Declaración del Parlamento de las Religiones del Mundo, Trotta, Madrid, 1994.
Marina, José Antonio, Dictamen sobre Dios, ed. Anagrama, Barcelona, 2001. 272 págs.
Russell, Bertrand, Religión y ciencia, ed. Fondo de Cultura Económica, México, 1998. 172 págs.
Rodríguez, Pepe,
- Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica, ed. Ediciones B, Barcelona, 2000. 493 págs.
-Dios nació mujer, ed, Ediciones B, Barcelona,2000. 380 págs.
Savater, Fernando, Las preguntas de la vida, ed. Ariel, Barcelona 1999. 286 págs.
La Santa Biblia, ed. Ediciones Paulinas, Madrid, 1980.


Referencias:

(1) José Antonio Marina es filósofo español cuyos estudios se han centrado en la inteligencia creadora y en la ética. En su último trabajo, Dictamen sobre Dios, José Antonio Marina trata el tema de las religiones como creación humana y su existencia en la época actual.
(2) Marina, José Antonio, Dictamen sobre Dios, ed. Anagrama, Barcelona, 2001, p. 24.
(3) Marina, J. A.. Op. Cit., p.66.
(4) Stephen Hawking es catedrático de física por la Universidad de Cambridge y mundialmente conocido por sus trabajos sobre los agujeros negros.
(5) Hawking, Stephen W., Historia del tiempo: Del big bang a los agujeros negros, ed. Crítica, Barcelona, 1988., p. 156.
(6)
Hawking, S. W., Op. Cit., pp. 223-224.
(7) Hawking, S. W., Op. Cit., p. 223
(8) Está comúnmente aceptado entre la comunidad científica que los sucesos y mediciones nunca pueden tener una precisión infinita. Dos muestras de ello son el teorema de Gödel, y el principio de incertidumbre de Heisenberg. El primero demuestra que, dado un conjunto de axiomas, no puede demostrarse que sean válidos ni que no lo sean, lo que significa que no se puede elaborar un conjunto de axiomas a partir de los cuales se pueda deducir un sistema matemático completo. El principio de incertidumbre se resume en que la precisión de cualquier medida tiene un límite no nulo, con lo cual nuestra apreciación del universo (en magnitudes físicas), siempre estará algo distorsionada.
(9) Albert Einstein está considerado como uno de los mejores científicos de todos los tiempos. Revolucionó la física del siglo XX con su Teoría General de la Relatividad, obtuvo el premio Nobel en 1921 por su explicación del efecto fotoeléctrico. Además, participó activamente en causas pacifistas y políticas.
(10) Rodríguez, P., - Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica, ed. Ediciones B, Barcelona, 2000., p. 30.
(11) Pepe Rodríguez es especialista en temas religiosos y de sectas. Ha publicado diversos libros relacionados con la crítica a las religiones, en especial la Iglesia Católica, y el fenómeno de las sectas.
(12) Rodríguez, P., Op. Cit., p.31
(13) Jean Daniélou fue teólogo y cardenal, además de participar como experto en el Concilio Vaticano II.
(14) Daniélou, J., Panikkar, R., Theological Approach and Understanding of Religions, ed. Dominic Veliath sdb, Madras 1988., pp. 50-51
(15) El decálogo original (Dt 5, 7-21), anuncia como el segundo mandamiento lo siguiente: "No harás ídolos ni imagen tallada alguna de cuanto hay arriba en los cielos, abajo en la tierra o en las aguas subterráneas. No te postrarás ante ellas ni les darás culto, pues yo, Yavé, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo las faltas de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian y hago misericordia por mil generaciones de los que me aman y guardan mis mandamientos.
(16) Fernando Savater es uno de los filósofos españoles más importantes de los últimos años. Sus libros tienen una gran aceptación en el público de varios países, y son publicados en numerosas lenguas.
(17) Savater, F., Las preguntas de la vida, ed. Ariel, Barcelona 1999., p. 36
(18) Las tres leyes de Kepler relacionan algunas magnitudes físicas de los planetas del sistema solar. Son las siguientes: 1ª: Cada planeta describe en sentido directo una órbita elíptica, uno de cuyos focos está ocupado por el Sol. 2ª: Las áreas descritas por el radio vector que une el centro del planeta con el centro del Sol son proporcionales a los tiempos empleados en barrerlas. 3ª: Los cuadrados de los tiempos de las revoluciones siderales de los planetas son proporcionales a los cubos de los semiejes mayores de sus órbitas.
(19) Lutero llegó a afirmar acerca de la teoría copernicana: "El pueblo presta oídos sordos a un astrólogo advenedizo que ha tratado de mostrar que la tierra se mueve, no el cielo o el firmamento, el Sol y la Luna. Quien quiera aparecer más inteligente, debe idear algún nuevo sistema que será, sin duda, el mejor de todos. Este necio quiere poner del revés toda la ciencia astronómica, pero las Sagradas Escrituras nos dicen que Josué mandó detenerse al sol y no a la tierra" (extraído de Russell, Bertrand, Religión y ciencia, ed. Fondo de Cultura Económica, México, 1998., p.19).
(20) Russell, B. Op. Cit., pp. 21-22
(21) Gen 1,1,4; 1,1,10; 1,1,12; 1,1,18,…
(22) Bertrand Russell fue un excelente filósofo y matemático, además de ser conocido por el gran público por sus libros (los cuales abarcan casi cualquier temática), o por su militancia en campañas pacifistas. En 1950 se le concedió el Premio Nobel de Literatura.
(23) Russell, B., Op. Cit., p. 153
(24) José Luis Aranguren fue uno de los grandes filósofos españoles del siglo XX. A lo largo de su obra, siempre mostró un gran interés por temas relacionados con la ética, la moral y el cristianismo.
(25) Aranguren, Jose Luis, Catolicismo y Protestantismo como forma de existencia, ed. Alianza Editorial, Madrid, 1980., p.58
(26) Rodríguez, P. Op. Cit., pp.453-459
(27) Küng, H. Y Kuschel, K.-J. (eds.), Hacia una ética mundial. Declaración del Parlamento de las Religiones del Mundo, Trotta, Madrid, 1994

 

 

 

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