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¿Qué
es la globalización?
(c) José
Santamarta, director de World Watch
(30-1-2001)
worldwatch@nodo50.org
http://www.nodo50.org/worldwatch
La conferencia de Davos y la cumbre de Porto Alegre son los dos
caras de la globalización. Si algo caracterizó al
siglo XX y a este siglo XXI que comienza es eso que se ha dado en
llamar globalización, proceso que culmina con la caída
del muro de Berlín, el fin del socialismo real, la extensión
del mercado global a todo el mundo, sin excepciones, y la generalización
de Internet. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
(PNUD) muestra que mientras la integración global está
procediendo "a gran velocidad y con alcance asombroso,"
la mayoría del mundo no participa de sus beneficios. "Las
nuevas reglas de la globalización, y los actores que las
escriben, se centran en la integración de los mercados globales,
descuidando las necesidades de las personas que los mercados no
pueden resolver. El proceso concentra aún más el poder
y margina a los pobres".
Globalización
de la pobreza y la exclusión social
La globalización
supone indudables ventajas, pero también grandes desventajas.
Entre los actores que se han beneficiado están las instituciones
financieras, las empresas multinacionales, las mafias internacionales,
turistas, ONG, y la mano de obra muy cualificada. El 20% más
rico de la población mundial ganaba 30 veces más que
el 20% más pobre en 1960. En 1990 la proporción era
de 60 a 1, y en 1997 la diferencia era de 74 a 1, según el
PNUD. El siglo XX ha acentuado la desigualdad, en vez de
reducirla. En 1820 la proporción era de 3 a 1, de 7 a 1 en
1870, de 11 a 1 en 1913, y de 74 a 1 en 1997, es decir, hoy las
desigualdades son mayores que nunca. También hoy más
de 80 países (el África subsahariana y los países
del antiguo bloque soviético) tienen una renta per cápita
inferior a la de hace una década, y curiosamente muchos de
estos países son los más integrados en el comercio
global en términos de PIB.
La globalización no contempla ningún mecanismo de
redistribución de la renta. Para paliar el desastre de la
globalización de la pobreza, se han propuesto algunas medidas,
como la condonación de la deuda externa de los países
más pobres y el aumento de la Ayuda Oficial al Desarrollo
(AOD), hasta alcanzar el 0,7% del PIB de los países ricos.
Pero los pobres probablemente prefieran que les paguen más
por el café y otros productos de exportación a las
medidas meramente caritativas; como decía un chiste,
"Pagar mejor el café, y menos ONG".
Algunas de las iniquidades de la globalización son consecuencia
de las mismas faltas de equidad entre países ricos y pobres,
o entre las poblaciones ricas y pobres dentro de ellos, tal como
el PNUD ha descrito durante años. El 20 por ciento más
rico de la población mundial controla el 86 por ciento del
PIB mundial y el 82 por ciento de las exportaciones de bienes y
servicios, mientras que el 20 por ciento más pobre apenas
un 1 por ciento del PIB y las exportaciones. La globalización
ha supuesto también un aumento de la exclusión social,
marginando a grupos sociales completos de toda participación
real, con el aumento del desempleo y de la pobreza.
En América Latina, según la CEPAL, el número
de pobres, que en 1980 era de 135 millones, llegó a 200 millones
en 1990, y en 1997, a pesar del crecimiento económico experimentado
en ese periodo, alcanzó la cifra de 204 millones, y de ellos
cerca de 90 millones son indigentes, viviendo en una pobreza extrema.
La crisis de 1999, que afectó a numerosos países latinoamericanos,
ha agravado la pobreza y la exclusión social, en un contexto
de aumento de las desigualdades sociales, a escala internacional
y en cada país. El llamado pensamiento único, que
desprecia toda protección social y cualquier mecanismo que
no sea la dura lógica darwinista de la supervivencia en el
mercado, contribuye a agravar las desigualdades Norte/Sur y dentro
de cada país. Un ciudadano de Estados Unidos gana por término
medio más que cien ciudadanos de Haití. En España
el 20% de los más ricos tienen 4,4 veces más ingresos
que el 20% más pobre, mientras que en Colombia tienen 15,5
veces más, cifra que casi duplica al 8,9 de Estados Unidos,
que es uno de los países industrializados con mayores desigualdades,
según el Informe sobre Desarrollo Humano 1999 del PNUD.
Una nueva forma de iniquidad puede verse en la integración
de las comunicaciones. "Internet une a las personas en una
nueva red global, pero el acceso se concentra entre las personas
de los países ricos," dice el informe. Los países
de la OCDE controlan el 91 por ciento de los usuarios de Internet.
La globalización económica, o el aumento del comercio
exterior, se ve favorecido por la apertura y liberalización
de los mercados y por el impacto de la actual revolución
tecnológica sobre las comunicaciones tanto físicas
(transportes), como electrónicas (información). Uno
de los aspectos
clave es la gran movilidad del capital financiero, la existencia
de un mercado planetario donde diariamente y a la instantánea
velocidad de la luz, las redes electrónicas mueven e intercambian
sin control, 1,5 millones de millones de dólares. El 20%
de los bienes y servicios producidos anualmente son exportados e
importados.
Sin embargo, la palabra globalización no se usa sólo
referida a la globalización económica o financiera,
sino que abarca otros aspectos. Se trata de un proceso que integra
las actividades económicas, sociales, culturales, laborales
o ambientales. La globalización supone también la
desaparición de las fronteras geográficas, materiales
y espaciales. Las redes de comunicación, desde Internet a
los teléfonos móviles, ponen en relación e
interdependencia a todos los países y a todas las economías
del mundo, haciendo realidad la llamada aldea global. Globalización
y neoliberalismo no son términos sinónimos, pero actualmente
se produce una repetida concordancia entre el fenómeno físico
de la globalización y el fenómeno ideológico
del neoliberalismo. La redistribución de la renta, a escala
nacional y mundial, se relega completamente, y la única esperanza
es un utópico derrame.
Globalización
y democracia
Aunque se habla
de la "mano invisible" del mercado como único motor
regulador de la economía, esta mano que aprieta y ahoga tiene
actores concretos, y responde a influencias políticas y económicas
no sujetas a control democrático: el G-7 (o G-1, EE UU),
la OCDE, el FMI, el Banco Mundial y la OMC actúan como los
verdaderos garantes de un gobierno mundial. Los países en
desarrollo, donde vive cerca del 80 por ciento de la población
mundial, apenas tienen voz en las instituciones donde realmente
se decide el destino de la Humanidad. El FMI y el BM con sus planes
de ajuste estructural obligan a privatizar las empresas públicas
y a reducir los gastos sociales y de protección ambiental.
Los Estados pierden capacidad de decisión tanto económica
como política, en favor de las grandes multinacionales. Imbuidos
por esta lógica neoliberal, los países dictan normas
y leyes liberalizadoras; firman acuerdos comerciales que favorecen
las dinámicas del "libre" mercado; se integran
en bloques económicos regionales y subsistemas globales (Unión
Europea, TLCAN, Mercosur, ASEAN, entre otros); impulsan las privatizaciones;
abandonan las políticas de tipo social y condenan a los más
desfavorecidos a la miseria y la marginación.
La crisis financiera del Este de Asia en los años 1997-99
demuestra los peligros de la globalización financiera, al
igual que la crisis de Rusia en 1998 y Brasil y otros países
latinoamericanos en 1999.
Ante la sucesión de las tormentas financieras -desde el efecto
tequila al efecto vodka, pasando por el efecto samba-, por primera
vez se alzan algunas voces críticas dentro del propio FMI.
La farmacopea neoliberal que sigue utilizando los planes de ajuste
estructural impuestos por el FMI, obliga a que el país que
recibe los créditos abra de par en par sus mercados financieros
para permitir que la gran banca extranjera compre los bancos nacionales;
fuerza a elevar las tasas de interés –lo que ocasiona el
hundimiento de las empresas locales-; impone subidas de impuestos
que son soportadas por las capas medias y bajas cada vez más
empobrecidas; y conmina a draconianos recortes en el gasto público.
Nuevas oportunidades
La tendencia
impuesta por la globalización no es hacia la convergencia
sino hacia el aumento de las desigualdades. La globalización
contribuye a la degradación ambiental, acentúa la
pobreza, la exclusión social y las desigualdades sociales
dentro de cada país y entre países industrializados
y en desarrollo, pero es un fenómeno irreversible, al que
es difícil combatir, y más bien se debería
tratar de regular, para impedir las peores consecuencias, para la
sociedad y el medio ambiente.
La globalización también ofrece grandes oportunidades
para erradicar la pobreza, extender la democracia, obligar a respetar
los derechos humanos y empezar a caminar hacia el desarrollo sostenible.
En los últimos años se han firmado o se están
negociando Convenios internacionales sobre Protección de
la Capa de Ozono, Cambio Climático, Biodiversidad, Desertificación
y Contaminantes Orgánicos Persistentes, entre otros. La Conferencia
de Río en 1992 sobre Medio Ambiente y Desarrollo no resolvió
los problemas, pero al menos los puso sobre la mesa, primer paso
para su solución.
El desarrollo tecnológico y el actual grado de desarrollo
permiten erradicar la pobreza y solucionar los problemas ambientales,
pero para ello se requieren cambios profundos y desde luego nada
fáciles de lograr. Las razones y los datos que avalan el
pesimismo son enormes, pero también hay signos para el optimismo,
como el fin de la guerra fría y la amenaza nuclear, la disminución
de los gastos en armamento, la disminución de conflictos,
el freno del crecimiento demográfico en la mayoría
de los países, el desarrollo de las energías renovables,
las nuevas tecnologías de la información, la extensión
de la democracia a más países que nunca, el mayor
respeto de los derechos humanos, la mayor igualdad entre hombres
y mujeres, la extensión de la educación, el mayor
rechazo de la corrupción, o la generalización de las
ONG y la mayor participación de la sociedad civil. La industria
nuclear ha entrado en un declive irreversible, y los cultivos y
alimentos transgénicos pueden correr igual suerte, ante el
masivo rechazo de los consumidores. La generalización de
Internet y de los teléfonos móviles permite dar a
conocer cualquier denuncia de forma instantánea a todo el
mundo. Internet no sólo es un instrumento del capital, sino
que puede servir, y sirve, para luchar por la equidad social y la
sostenibilidad ambiental.
La tarea, como señala el PNUD no es combatir de forma quimérica
el irreversible proceso de globalización, sino tratar de
encauzarlo, para que se produzca con:
*Ética: con menos violación de los derechos humanos,
no con más.
*Equidad: con menos desigualdades sociales, entre países
y dentro de cada país.
*Inclusión: con menos marginación de pueblos y países,
no con más.
*Sostenibilidad: menos destrucción ambiental, no más.
*Desarrollo: menos pobreza y privación, no más. Entre
las medidas a adoptar está la condonación de las deudas
públicas exteriores de los países del Tercer Mundo.
*Transparencia: El comportamiento de las empresas multinacionales
y de las grandes instituciones mundiales, como el FMI, el Banco
Mundial y la Organización Mundial de Comercio, debe ser más
transparente y más regulado, y en el caso de las instituciones
internacionales se hace necesario
una mayor democratización, aumentando la participación
de los pueblos de los países en desarrollo, que hoy sufren
sus políticas, sin participar en sus decisiones. En el caso
de las empresas multinacionales, los grandes actores de la globalización,
no basta con códigos voluntarios de conducta, sino que es
necesario controlar y regular los efectos de sus actividades económicas
en el medio ambiente, la salud, el empleo, los niveles salariales
y el respeto de los derechos humanos.
Para encauzar y humanizar el proceso de globalización es
necesario reforzar la estructura de las Naciones Unidas, al contrario
de lo que quiere la nueva administración de la derecha republicana
en EE UU, crear un Tribunal Penal Internacional para castigar las
violaciones de los derechos humanos, y elaborar un código
de conducta obligatorio para las multinacionales, en el marco de
la Organización Mundial de Comercio. Igualmente es necesario
reforzar y dotar de instrumentos y presupuestos a los Convenios
de Cambio Climático y de protección de la Diversidad
Biológica, para que puedan cumplir sus fines. No todo está
perdido.
La Convergencia Norte-Sur implica la necesidad de reducir el consumo
de energía y otros recursos en los países desarrollados
y de incrementar el nivel de vida en los países en desarrollo,
sin que la suma de todos los recursos consumidos ponga en peligro
los procesos ecológicos esenciales, el clima y la diversidad
biológica. Las necesidades del Norte se deben satisfacer
de manera que no comprometa la satisfacción de las del Sur,
así como la de las generaciones futuras del Norte y del Sur.
El Norte, y también las ONG ambientalistas, no pueden reclamar
a los pueblos del Sur un gran esfuerzo para preservar la biodiversidad
y para no aumentar la emisión de gases de invernadero y otras
sustancias contaminantes, como CFCs, SO2 y NOx, sin un esfuerzo
paralelo para reducir el insostenible consumo del Norte, repartir
más equitativamente los recursos entre el Norte y el Sur
y eliminar la pobreza.
A tal fin, según el consenso alcanzado en multitud de foros,
se deben adoptar las siguientes medidas:
a. Reducción de la Deuda Externa de los países del
Sur y del Este. La cancelación de la deuda externa oficial
y privada es una condición básica para superar la
pobreza y la degradación ambiental en los países del
Sur y del Este. La cancelación de la deuda no debe ser supeditada
a la implantación de
los clásicos programas de ajuste estructural.
b. Acceso de los productos con mayor valor añadido y menor
impacto ambiental de los países del Sur a los mercados del
Norte, excepto para aquellos productos cuya explotación no
sostenible sea lesiva para el medio ambiente o para la erradicación
de la pobreza, reduciendo las barreras comerciales y no comerciales
así como los subsidios a los bienes producidos en el Norte.
Igualmente la OMT (Organización Mundial de Comercio) debe
ser reformada, permitiendo a los países en desarrollo proteger
sus mercados internos de la devastadora competencia internacional,
adoptando las medidas adecuadas para que los productos internalicen
los costes ambientales y sociales y prohibiendo los subsidios resultantes
de externalizar los costes ambientales y sociales de algunos bienes
y servicios. La simple liberalización de los mercados no
va a resolver los problemas sociales y ambientales.
c. Transferencias financieras del Norte al Sur, generando fondos
adicionales para el desarrollo sostenible y la erradicación
de la pobreza y el cumplimiento de los compromisos del Sur, en orden
a preservar la diversidad biológica, frenar el cambio climático,
proteger la capa de ozono, reducir la deforestación y los
procesos de desertificación. El Norte debe incrementar su
asistencia oficial al desarrollo por lo menos hasta el 0,7% del
PIB, implicando a todas las administraciones (estatal, regional
y local), así como a la sociedad civil. Los fondos adicionales
deben ser incrementados, gestionados democráticamente y se
debe velar para que efectivamente sirvan para superar la pobreza
y evitar el deterioro ambiental, y no para enriquecer a las élites
del Sur.
d. Transferencia de tecnología al Sur, en condiciones ventajosas
y en muchos casos sin contrapartidas económicas, especialmente
de aquéllas que mejoren el medio ambiente y reduzcan la emisión
de contaminantes y gases de invernadero, como las energías
renovables, las que incrementan la eficiencia
energética, el transporte colectivo, o la refrigeración
sin CFCs.
e. Iniciativa contra la pobreza, eliminando el hambre, aumentando
la autosuficiencia alimentaria, y distribuyendo más equitativamente
el ingreso, en el Norte y en el Sur, donde las diferencias de renta
son aún mayores que en el Norte. Los países del Norte
deben adoptar estilos de vida menos consumistas,
eliminando el despilfarro de energía y de otros recursos
no renovables, lo que no significa disminuir la calidad de vida,
e incluso puede aumentarla (mejora de la salud, incremento del tiempo
libre).
f. Iniciativa para lograr la estabilización de la población,
aunque para ello hay que empezar a atacar algunas de las causas
últimas del crecimiento demográfico en el Sur, como
la pobreza (los hijos garantizan la pensión a los pobres
en su vejez), el acceso a la educación , al empleo y a los
cuidados
primarios de la salud, especialmente para las mujeres pobres y sus
hijos, poniendo al alcance de todos los servicios de una planificación
familiar libre y responsable.
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