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El
cierre de Chernóbil no acaba con la pesadilla nuclear
(c) José
Santamarta, director de World Watch
(15-12-2000)
worldwatch@nodo50.org
http://www.nodo50.org/worldwatch
Ucrania
cierra el 15 de diciembre de 2000 la central nuclear de Chernóbil,
catorce años después del desastre que causó
la muerte a cerca de 30.000 personas desde 1986 y afectó
a más de diez millones de personas. Los efectos se manifestarán
en las generaciones venideras en los próximos 1.000 años.
Catorce años después, la energía nuclear ha
entrado en un declive irreversible.
La noche del
25 al 26 de abril de 1986, a la 1 y 23 de la madrugada del sábado,
en el reactor número 4 de Chernóbil, tuvo lugar el
mayor accidente de la historia nuclear. Los efectos de la radiactividad
han superado todas las previsiones, y la verdadera magnitud de los
daños se va conociendo catorce años después.
Ya han muerto más de 30.000 personas, y al menos 10 millones
han sido contaminadas por la radiactividad.
La catástrofe de Chernóbil afectó gravemente
a Bielorrusia, Ucrania y Rusia, causando pérdidas incalculables,
y daños terribles a las personas, a la flora y a la fauna.
Más de 160.000 km2 están contaminados. El accidente
de Chernóbil fue una de las mayores catástrofes ambientales,
y sus costes en el 2000 superan los 250.000 millones de dólares,
según un estudio oficial del gobierno ruso, revelado por
el Wall Street Journal.
Los cuatro reactores existentes en Chernóbil son del modelo
RBMK-1.000, un peligroso modelo de agua en ebullición, moderado
por grafito. Todavía hay en funcionamiento varios reactores
nucleares del tipo RBMK, y su cierre ha sido pospuesto por razones
económicas, a pesar de sus riesgos, puestos de manifiesto
en la catástrofe de Chernóbil. En Chernóbil
funcionaban 4 reactores, y se estaban construyendo dos más.
El 15 de diciembre se cierra el último de los reactores en
funcionamiento.
Curiosamente el accidente se produjo al realizar un experimento
relacionado con la seguridad, en el que se pretendía demostrar
que la electricidad producida por el alternador a partir de la inercia
de la turbina sin vapor podría usarse para alimentar ciertos
componentes del sistema de refrigeración de emergencia, durante
periodos cortos, hasta que pudiera disponerse de los generadores
de emergencia. Inicialmente se preveía experimentar con una
reducción de la potencia, desde 3.000 megavatios térmicos
a 1.000 MWt, pero sin embargo el reactor no pudo estabilizarse con
suficiente rapidez, y la potencia se redujo a sólo 30 MWt.
Al acumularse una energía en el combustible del orden de
300 cal/g, se produjo una disgregación del combustible seguida
por una explosión. Dos o tres segundos después ocurrió
una segunda explosión, causada probablemente por la liberación
de hidrógeno cuando el vapor oxidó al zirconio de
las varillas del combustible.
La violencia de la energía desprendida provocó la
elevación de la losa soporte del reactor, de dos toneladas,
haciendo inoperativo el sistema de contención. La entrada
de aire facilitó la combustión del grafito. Fueron
necesarios nueve días de heroico esfuerzo para poder controlar
el incendio posterior a la explosión del reactor. Para controlar
el fuego y contener la radiactividad, los helicópteros lanzaron
sobre el núcleo del reactor más de 5.000 toneladas
de plomo, boro y otros materiales. Posteriormente se
construyó un gigantesco sarcófago, hecho con 410.000
metros cúbicos de hormigón y 7.000 toneladas de acero;
el sarcófago fue terminado en noviembre de 1986 y hoy debería
ser sustituido por otra estructura. El reactor dañado permanecerá
radiactivo como mínimo los próximos 100.000 años.
El accidente fue detectado el lunes 28 de abril de 1986, a las 9
de la mañana, en la central nuclear sueca de Forsmark, unos
100 kilómetros al norte de Estocolmo, donde los contadores
Geiger registraban niveles de radiactividad 14 veces superiores
a lo normal. Primero se pensó en un escape en la propia central
(las primeras noticias de las agencias de prensa hablaban de un
accidente en una central sueca), pero un exhaustivo control mostró
que la central funcionaba perfectamente y que la radiactividad venía
de lejos. Cuando los suecos reclamaron una explicación, las
autoridades soviéticas respondieron con evasivas. Doce horas
después de la primera alerta de Forsmark, un comunicado del
consejo de ministros de la URSS leído en la televisión
reconoció que se había producido un accidente en Chernóbil.
La población de la zona no fue informada en los primeros
días de la gravedad de la situación, lo que agravó
los efectos.
En el accidente de Three Mile Island, en Pensilvania (Estados Unidos),
en 1979, se liberaron 17 curios. En Chernóbil, según
las autoridades soviéticas, fueron 50 megacurios (50 millones
de curios) de los más peligrosos radionucleidos, a los que
hay que añadir otros 50 megacurios en gases radiactivos inertes.
Las cifras reales fueron mayores que las declaradas por el gobierno
soviético. Para la OCDE las emisiones ascendieron a 140 megacurios.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) en
el accidente de Chernóbil se emitió 200 veces más
radiactividad que la liberada por la suma de las bombas nucleares
lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945, aunque el gobierno
de Ucrania afirma que fue 500 veces más.
Consecuencias
Toda la población
en un radio de 30 kilómetros fue evacuada. Catorce años
después cerca de 375.000 personas aún no han podido
regresar a sus hogares, según la OMS. La ciudad de Pripiat,
que contaba con 50.000 habitantes antes del accidente, hoy está
abandonada, y en la llamada zona de exclusión de 30 kilómetros
alrededor de Chernóbil sólo habitan 556 ancianos que
no tienen otro lugar a donde ir o no se han adaptado a vivir fuera
de sus pueblos de origen. Un total de 105.000 km2 presentan una
contaminación superior a un curio por km2, y según
la AIEA hay 825.000 personas viviendo en áreas con más
de 5 curios/km2. Según las Naciones Unidas un área
del tamaño de Holanda ha quedado inutilizable permanentemente
para usos agrícolas.
La mayoría de las 31 personas muertas inmediatamente, trabajadores
de la central y bomberos que acudieron a apagar el incendio, están
enterradas en el cementerio de Mitinskoe. Pero la radiactividad,
a no ser que se reciban dosis extremadamente altas, mata lentamente
y no hay dosis admisibles por
debajo de las cuales ésta deja de ser peligrosa.
Cerca de 800.000 personas, los liquidadores, participaron en la
construcción del sarcófago que envuelve el reactor
o en las tareas de descontaminación y limpieza, recibiendo
altas dosis de radiactividad, superiores en un 7% de los liquidadores
a más de 250 mSv (milisievert), aunque muchos superaron los
500 mSv; la dosis máxima admisible reconocida internacionalmente
para la población normal es de 5 mSv/año. Según
el gobierno de Ucrania, más de 8.000 liquidadores han muerto,
y otros 12.000 están seriamente afectados por las radiaciones.
En Rusia el 38% de los 300.000 liquidadores padecen enfermedades
a causa de las radiaciones recibidas, según el propio gobierno
ruso. La Unión Europea trata descaradamente de minimizar
los efectos del accidente, con el fin de reducir las ayudas conómicas
a Ucrania, Rusia y Bielorrusia.
Una de las consecuencias de la catástrofe de Chernóbil
fue la absorción por el organismo de miles de personas de
grandes cantidades de yodo-131 y cesio-137. El yodo-131, aunque
tiene una vida corta, se acumula en la glándula tiroides,
causando hipertiroidismo y cáncer, sobre todo en los niños.
El cesio-137 tiene una vida media de 30 años, por lo que
sus efectos aún se harán notar.
El ADN de las células germinales que transmiten la información
genética fue dañado por la radiactividad, algo que
no ocurrió ni en Hiroshima ni en Nagasaki, según un
estudio dirigido por Yuri Dubrova, del Instituto Vavilov de Genética
General con sede en Moscú, publicado en la revista Nature
coincidiendo con el décimo aniversario de la catástrofe.
Las secuelas de Chernóbil perdurarán durante varias
generaciones. Según la OMS (Organización Mundial de
la Salud) en 1995 el cáncer de tiroides en Bielorrusia era
285 veces más frecuente que antes de la catástrofe,
y las enfermedades de todo tipo en Ucrania eran un 30% superiores
a lo normal, debido al debilitamiento del sistema inmunológico
causado por las radiaciones. En la región de Gomel, en Bielorrusia,
los cánceres de tiroides entre la población infantil
se han multiplicado por cien, y el número de casos no para
de aumentar. Las leucemias, cuyo periodo de latencia es más
largo, empiezan a aparecer, sobre todo entre los liquidadores; la
tuberculosis es una de las enfermedades que más ha crecido
entre las personas afectadas.
Las aberraciones cromosomáticas, precursoras de leucemias
y cánceres, han sido igualmente detectadas, al igual que
enfermedades del sistema endocrino, nervioso, digestivo y cardiovascular,
así como las cataratas.
Según el profesor Alexander Ivanovich Avramenko, jefe del
Departamento de Protección de la Salud de Kiev, "la
morbilidad general ha aumentado un 30%, la hipertensión se
ha triplicado, la isquemia cardíaca se ha incrementado un
103%, las úlceras un 65,6%, la diabetes un 61%, y los ataques
cardíacos un 75%. Los patrones clínicos están
cambiando para muchas enfermedades debido a la depresión
del sistema inmunitario".
Los niños están entre los más afectados, y
son muchos los que padecen cánceres de tiroides, hígado
y recto. Las malformaciones entre los recién nacidos se han
duplicado en los últimos años. Según Dillwyn
Williams, profesor de histopatología en la Universidad de
Cambrigde y uno de los mayores expertos mundiales en cáncer
de tiroides, el 40% de los niños expuestos a altos niveles
de radiación cuando tenían menos de un año
desarrollarán cáncer de tiroides. Miles de personas
contraerán cánceres a consecuencia del accidente de
Chernóbil en los próximos 30 años. Williams
es presidente de la European Thyroid Association. En una conferencia
de la OMS sobre las consecuencias sanitarias de Chernóbil
en Ginebra en 1995, Williams señaló acerca de la incidencia
del cáncer de tiroides en Bielorrusia y Ucrania que "he
hecho algunas sumas y la respuesta me aterroriza".
La mayor incidencia de los casos de tiroides en Gomel están
concentrados en una zona situada a más de 200 kilómetros
de Chernóbil, lo que significa que los planes de emergencia
en caso de accidente nuclear deben ser rediseñados. En la
conferencia de la OMS, en que participaron unos 500 científicos
procedentes de 40 países, se criticaron duramente las recomendaciones
de la Agencia Internacional de la Energía Atómica
(AIEA), cuyo único interés es promocionar a cualquier
precio la energía nuclear. Chernóbil, y sus consecuencias,
son la mejor demostración de las falacias de la AIEA, cuya
inutilidad fue puesta de manifiesto por el programa nuclear de Irak,
en teoría bajo su control.
Los efectos de Chernóbil causarán a largo plazo decenas
de miles de muertes, y algunos autores calculan que pueden producirse
más de un millón de casos de cáncer, sobre
todo en Bielorrusia, Ucrania y Rusia.
Aguas radiactivas
El río
Pripiat llevó la radiactividad a su afluente, el río
Dnieper (el tercer río europeo por su caudal) y que tras
recorrer 800 kilómetros y seis grandes embalses, desemboca
en el Mar Negro. El agua contaminada por los residuos radiactivos
puede llegar a afectar a unos 30 millones de personas, según
un reciente informe elaborado por 59 científicos de 8 países,
bajo la dirección del italiano Umberto Sansone: más
de 9 millones beben agua contaminada, y otros 23 millones de personas
comen alimentos regados con aguas radiactivas o peces con niveles
inaceptables de radiactividad. Las balsas y pequeños embalses
construidos para retener las aguas contaminadas a la larga agravaron
el problema, pues fueron rebasadas al caer las primeras lluvias
intensas.
Los peces del lago Kojanovskoe, en Rusia, presente niveles de radiactividad
60 veces superiores a los límites de seguridad de la Unión
Europea, llegando a alcanzar los 40.000 bequerelios de cesio-137
por kilogramo (el límite de la UE es de 600 bequerelios por
kilogramo). La única alternativa es la completa prohibición
del consumo de pescado en la región.
El agua contaminada es posiblemente la mayor amenaza diez años
después del accidente. El accidente depositó 380 terabequerelios
(380 x 1012 bequerelios) de estroncio y plutonio en la zona alrededor
del reactor. "No se puede parar el flujo del agua", afirma
Sansone.
Pero los problemas de Chernóbil están lejos de haber
acabado. El 11 de octubre de 1991 se produjo un incendio en el reactor
nº2, y los reactores 1 y 3 siguieron funcionando, debido a
la crisis económica que sufre Ucrania desde la desmembración
de la URSS. Aún hoy 400 kilogramos de plutonio, más
de 100 toneladas de combustible nuclear y otras 35 toneladas de
polvo radiactivo, permanecen dentro del maltrecho sarcófago
de plomo, boro y cemento que envuelve la central y que necesita
ser reparado o sustituido con urgencia. El sarcófago, diseñado
en teoría para aguantar 30 años, necesita ser reparado
con urgencia, al tener 200 m2 de grietas y graves problemas de estructura.
Cerca de 12.000 personas trabajan en la zona contaminada, de ellas
5.000 en el complejo nuclear, y siguen recibiendo dosis inadmisibles
de radiactividad.
Desastre económico
Chernóbil
no sólo fue un desastre para la vida y la salud de millones
de personas. Fue, también, un gran desastre económico,
y muchos creen que fue una de las causas determinantes de la caída
del régimen soviético en la antigua URSS. Sólo
las tareas de limpieza en los tres primeros años alcanzaron
los 19.000 millones de dólares, y se espera que para el año
2000 hayan superado los 120.000 millones de dólares; la sustitución
del sarcófago costará 1.600 millones de dólares.
El gobierno de Bielorrusia estima que sólo en su país
en el horizonte del año 2015 el accidente habrá costado
más de 230.000 millones de dólares. El coste total,
según el Research and Development Institute of Power Engineering,
alcanzará los 358.000 millones de dólares (el coste
de unas cien centrales nucleares), cifra resultante de sumar los
costes del tratamiento médico, descontaminación, traslados
y realojamiento de la población afectada, electricidad que
se ha dejado de producir y limpieza de las zonas afectadas. Con
lo que costará el accidente de Chernóbil se podrían
haber sustituido todas las centrales nucleares del mundo por centrales
de ciclo combinado de gas natural (el 80% de la potencia) y aerogeneradores
eólicos (el 20% restante), y aún sobrarían
200.000 millones de dólares.
La energía nuclear, como reconocen ya hasta los sectores
más conservadores, es una ruina total. Para el semanario
liberal conservador The Economist "ningún argumento
a favor de la energía nuclear resiste un examen profundo",
y "los países ricos, que gastan cada año miles
de millones en investigación nuclear, harían mejor
uso si los consagraran a las energías renovables". Es
curioso y casi divertido (de no ser por Chernóbil y el legado
de los residuos radiactivos y la proliferación nuclear) ver
como los
hasta hace poco defensores a ultranza de la energía nuclear
aceptan y reconocen con 20 años de retraso los argumentos
del movimiento ecologista. Lo mismo pasó con los CFC, y pasará
en el futuro con el cambio climático, los PVC o la incineración
de residuos.
Ya hoy Bielorrusia gasta el 25% de su PIB en superar los problemas
causados por Chernóbil, Ucrania destina el 6% de los gastos
estatales y Rusia el 1%, cifras ambas muy inferiores a las que serían
necesarias. La crisis económica forzó a Ucrania a
mantener en funcionamiento uno de los cuatro reactores existentes
en Chernóbil, y el gobierno sólo las ha cerrado tras
recibir 4.400 millones de dólares por parte de EE UU y la
Unión Europea. El 13 de diciembre de 2000 la Comisión
Europea aprobó la
concesión de un préstamo Euratom de 585 millones de
dólares (111.150 millones de pesetas) para acabar de construir
dos reactores atómicos que suplirán a la vieja central
nuclear. Este préstamo a 20 años viene a sumarse al
concedido hace sólo un mes por el Banco Europeo de Reconstrucción
y
Desarrollo (BERD) de otros 215 millones de dólares (35.773
millones de pesetas) para acabar, modernizar y poner en servicio
la unidad 2 de la central nuclear de Khmelnitsky (K2) y la unidad
4 de la central nuclear de Rivne (R2).
La crisis de
la energía nuclear
Catorce años
después de la catástrofe de Chernóbil, la industria
nuclear está sumida en una profunda crisis. Al comenzar el
año 2000, había en el mundo 436 reactores nucleares
comerciales en operación, con una potencia instalada de 352
Gigavatios (1 GW=1.000 MW), que en 1999 produjeron 2.394,6 TWh.
La energía nuclear, presentada hace 25 años como la
alternativa al petróleo y al carbón, hoy sólo
representa el 6% del consumo mundial de energía primaria.
Hoy sólo se están construyendo 38 centrales, con una
potencia de 31,7 GW, el menor número desde hace 25 años,
respondiendo a pedidos de años anteriores. La cifra de pedidos
es insuficiente para mantener una industria nuclear, que sólo
se mantiene gracias al despilfarro de recursos públicos.
La potencia instalada en 1999 (352 GW) es sólo un 7% superior
a la de 1990 (329 GW), y en el año 2001 apenas superará
los 350 GW, cifra trece veces inferior a los 4.450 GW previstos
por la AIEA en 1974 para el año 2000. La energía nuclear,
agobiada por problemas de seguridad, almacenamiento definitivo de
los residuos radiactivos, costes disparatados, alternativas mejores
como las turbinas de gas, el aumento de la eficiencia y las energías
renovables (sobre todo la eólica), y la oposición
de una opinión pública bien informada, no tiene ningún
futuro, a pesar de los esfuerzos realizados para diseñar
nuevos reactores más seguros, utilizando para ello enormes
recursos públicos.
El 59% de los gastos destinados a I+D en el sector energético
en la OCDE entre 1979 y 1990 fueron a la energía nuclear,
frente a sólo el 9,4% de las energías renovables y
al 6,2% de la eficiencia energética. Como sostiene el semanario
The Economist, "los países ricos, que gastan cada año
miles de millones en investigación nuclear, harían
mejor uso si los consagraran a las energías renovables".
Mientras, un total de 95 reactores con una potencia instalada de
28.779 MW han cerrado definitivamente. La vida media de operación
es inferior a los 18 años, muy alejada de los 40 años
prevista por las empresas constructoras. La central nuclear de Vandellós
en la provincia de Tarragona, donde el 19 de octubre de 1989 se
produjo un accidente en un reactor de tipo grafito-gas, es la única
central nuclear que hasta ahora se ha cerrado en España,
pero es probable que pronto se cierren Zorita y Garoña, dos
centrales llenas de achaques y con deficientes medidas de seguridad.
Muchos de los programas nucleares sólo enmascaran la decidida
voluntad de hacerse con armamento nuclear. Los casos más
conocidos son Israel, Suráfrica, Irak, Irán, Corea
del Norte, Pakistán y la India, pero lo cierto es la que
los llamados usos pacíficos de la energía nuclear
siempre han estado ligados desde su origen a los usos militares.
Situación
actual
Estados Unidos:
no ha habido encargos de nuevos reactores desde octubre de 1973
que no hayan sido cancelados. En los últimos 35 años
las compañías eléctricas han cancelado 120
reactores, con una potencia de 132 GW. Las 104 centrales nucleares
existentes en 2000, con una potencia (97,1 GW) inferior a la cancelada,
producen algo menos del 20% de la electricidad. Se han cerrado 30
centrales nucleares, y no hay ninguna en construcción.
Francia: cuenta con 59 centrales nucleares, otras 10 cerradas y
ninguna en construcción. La deuda de la empresa pública
Electricité de France asciende a cerca de 200.000 millones
de francos. La sobrecapacidad instalada, los problemas de seguridad
y de residuos, y los costes de la deuda, hipotecan el futuro de
un sector público mantenido gracias a las subvenciones públicas
directas e indirectas.
Japón: cuenta con 53 reactores y una capacidad de 43,7 GW.
Los accidentes nucleares. En septiembre de 1999 se produjo uno de
los mayores accidentes nucleares en una fábrica de combustible
nuclear. En diciembre de 1995 el reactor rápido de Monju
sufrió un grave accidente. La creciente oposición,
los costes crecientes, varios accidentes graves y la falta de lugares,
en un país que sufre frecuentes terremotos, hipoteca el futuro
nuclear.
Antigua URSS: el accidente de Chernóbil y la crisis económica
casi han acabado con la industria nuclear en Rusia, país
que firmó un contrato con la Siemens para el desarrollo de
un nuevo tipo de reactor, el VVER 640. Unas 50 centrales nucleares
en construcción o en avanzado proyecto fueron paralizadas
después de Chernóbil. Hoy sólo hay 4 en construcción.
Los reactores en funcionamiento en Rusia, Ucrania, Lituania y Armenia
plantean graves problemas de seguridad, al igual que los de la misma
tecnología existentes en Bulgaria y la antigua Checoslovaquia.
Alemania: los 6 reactores existentes en la Alemania oriental, después
de la unificación, fueron cerrados, y los 5 en construcción
abandonados. Desde hace 25 años no se encarga ninguna nueva
central. El movimiento antinuclear siempre ha sido potente. El gobierno
de socialdemócratas y verdes prevé cerrar las 20 centrales
nucleares existentes en los próximos años.
Canadá: la construcción de nuevos reactores está
paralizada, tras cancelarse varios proyectos en la provincia de
Ontario.
Reino Unido: una prueba de lo ruinosos que son los programas nucleares
fue la imposibilidad de privatizar las centrales nucleares inglesas.
No hay planes para construir ninguna nueva central nuclear en el
futuro.
Suecia: tras el referéndum de 1980 los planes son cerrar
las 12 nucleares suecas antes del año 2010. Ya se ha cerrado
una.
Corea del Sur: en 1999 había 16 centrales nucleares y actualmente
construye 4 nuevos reactores. En 1988 tuvo lugar la primera manifestación
antinuclear en la historia del país. En enero de 1996 el
municipio de Yonggwang retiró la autorización para
construir dos centrales nucleares.
España: la moratoria definitiva desde enero de 1995 de 5
centrales nucleares que nunca funcionarán (Trillo II, Valdecaballeros
I y II y los dos grupos de Lemóniz) había costado
ya en 1995 a los consumidores 624.000 millones de pesetas sólo
en intereses, y aún quedaba por pagar 730.000
millones, más los intereses. El negocio siempre fue la construcción,
aunque nunca funcionasen las centrales nucleares. Ya se encargará
el estado de hacer pagar a los consumidores.
Bélgica: los 7 reactores producen el 55% de la electricidad
del país. No hay planes para aumentar el parque nuclear.
Taiwan: las 6 nucleares producen el 32% de la electricidad. Los
planes para construir dos reactores en Yenliao se han retrasado.
En septiembre de 1994 un policía murió en una manifestación
antinuclear.
China: tiene un reactor de 288 MW de tecnología propia en
Qinshan y otros 2 de 906 MW cada uno de tecnología francesa
en Daya Bay, cerca de Hong Kong, donde más de un millón
de personas (el 20% de la población) han firmado una petición
pidiendo el cierre de los dos reactores por razones de seguridad.
En 1994 comenzó la construcción de 2 nucleares en
Qinshan de 600 MW cada una, y tiene planes ambiciosos para alcanzar
los 20 GW en el año 2010, y a tal fin mantiene relaciones
con empresas francesas, rusas y canadienses.
India: cuenta con 11 pequeña centrales nucleares (suman 1.897
MW) con un impresionante historial de accidentes y mal funcionamiento,
y actualmente construye otras 3, Kaiga 2 y Rajasthan 3 y 4. Posee
un importante programa nuclear de uso militar dirigido contra Pakistán
y sobre todo China.
México: cuenta con dos reactores de 654 MW cada uno en Laguna
Verde, a pesar de los recursos energéticos del país.
Argentina: la central Atucha 1 se inauguró en 1974 y Embalse
(600 MW) en 1983. Los refugiados nazis Ronald Richter y Walter Schnurr
jugaron un papel clave en el programa nuclear argentino y en el
contrato con la firma alemana KWU, del grupo Siemens.
Brasil: los nazis Alfred Boettcher y Wilhelm Groth están
en el origen del programa nuclear brasileño, y sobre todo
en el absurdo y leonino contrato que Brasil firmó con la
Kraftwerk Union (Siemens) para adquirir 8 centrales nucleares. El
programa se paralizó, pero el país siguió pagando
a la Siemens.
Hoy sólo funciona de tarde en tarde la nuclear de Angra 1
y desde 1976 está en construcción Angra 2.
Cuba: en 1992 se paralizaron por falta de fondos la construcción
de 2 reactores de la obsoleta y peligrosa tecnología soviética.
Desde entonces cada cierto tiempo se vuelve a hablar de ellos, la
última vez a raíz de la visita de Putin a Cuba en
diciembre de 2000.
Pakistán: Kanupp, el reactor de 125 MW de tecnología
canadiense inaugurado en 1972, está ligado al programa que
permitió hacerse con la bomba atómica. El conflicto
con la India convierten a la zona en la "más peligrosa
del mundo", y no es descartable una guerra nuclear entre India
y Pakistán.
Italia: en el referéndum de noviembre de 1987 se decidió
abandonar la energía nuclear, cerrando las centrales en funcionamiento
o en construcción, como Garigliano (150 MW), Latina (153
MW), Trino (260) y Caorso (860 MW).
Austria: en 1986 se decidió clausurar definitivamente la
central nuclear de Zwentendorf.
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